¿México lindo? cuando se es prepago tiene muy poco de lindo

27 septiembre 2022
ida como un paraíso fiscal o París como un paraíso del Arte, de México diríamos que podría convertirse en la peor pesadilla para una chica prepago.
México es el cuarto país con más alto nivel de criminalidad en el mundo y el segundo en el continente americano, con un importante número de asesinatos, secuestros, narcotráfico y robos. El crimen organizado es uno de los más poderosos de toda América, en donde la explotación sexual de jóvenes mexicanas y extranjeras es parte del menú. 
Sin embargo, pese a todas estas amenazas, el país azteca sigue siendo un lugar atractivo para muchas chicas colombianas y venezolanas que han decidido dedicarse a la prostitución. Mala, muy mala idea la de una chica querer trabajar como prepago en México.
Les explicamos por qué:
Las mafias mexicanas dedicadas a la explotación sexual han dado a lugar a una nueva forma de esclavitud contemporánea, en la que las víctimas son despojadas de todos sus Derechos Humanos: derecho a la vida, a la libertad, a la identidad, a un pago justo, etc.
En el mundo existen 4,5 millones de personas sometidas al trabajo sexual forzado, lo cual produce 150 mil millones de dólares al año. Una maquinaria absolutamente ilegal pero muy rentable. México se lleva una buena parte de ese lucrativo negocio. Y sus organizadores están dispuesto a todo para conservarlo y hacerlo crecer.
Cabe diferenciar que una cosa es el trabajo sexual libre y voluntario y otra muy distinta es el trabajo sexual forzado, impuesto como una obligación o bajo amenaza.
En México, el trabajo sexual forzado se manifiesta de diferentes maneras y no solamente en prostíbulos o antros de mala muerte en los que se ofrecen favores sexuales a cambio de dinero. Existe, por ejemplo, mafias que ofertan a jóvenes mujeres en calidad de matrimonio de tal forma que el futuro marido ejerza sobre ella un poder legal y la someta a trabajos forzados o a la prostitución particular. En ocasiones la “esposa” es destinada a procrear bebés que luego son vendidos en el mercado negro, sin que su opinión como madre cuente para nada.
Pero, se preguntarán, ¿cómo es posible que todo esto ocurra en pleno siglo XXI?
Presten atención, ya que todo comienza como un verdadero cuento de hadas:
El 45% de las chicas son contactadas en su país de origen (Colombia o Venezuela) por personas conocidas o familiares lejanos, 49% por desconocidos y sólo el 5,50% son directamente secuestradas por mafias del crimen organizado. En las dos primeras modalidades, la candidata suele ser una mujer joven, atractiva físicamente y que se encuentra atravesando una situación de precariedad o urgencia económica. La tratante o reclutadora (por lo general se trata de una mujer, ya que inspira más confianza) le promete a la joven candidata una vida distinta, holgada, con mucho dinero. En ocasiones le exige que haga un esfuerzo y ella misma se financie el boleto aéreo que la llevará hasta México. En otras, la tratante le ofrece a la candidata el boleto pero como parte de un préstamo que luego la candidata pagará con bastante facilidad ya que estará obteniendo muy buenos ingresos económicos con su nuevo trabajo. Bajo estas condiciones, ¿qué chica no se animaría?
Pero al llegar a su destino, la trampa se abre de un solo golpe para la joven meretriz: lo primero que hacen sus “empleadores” es despojar a la recién reclutada de su pasaporte y su celular, con lo cual la chica queda totalmente incomunicada y sin ningún tipo de protección legal ya que no está en capacidad de verificar su propia identidad ni nacionalidad. Inmediatamente después es encerrada y expuesta al trabajo sexual forzado (no-voluntario), sometida a dosis de drogas que crean una rápida y fuerte dependencia, sus pagos son retenidos o nunca se les dan y, en el peor de los casos, la joven es finalmente asesinada una vez que ha perdido su atractivo físico.
Estas mafias organizadas proliferan en México en muchas oportunidades bajo la mirada indiferente de organismos oficiales que se han vendido a la corrupción. Igualmente, las leyes mexicanas y las debilidades del sistema judicial, hacen que estas actividades se realicen casi con total impunidad. Entre 2017 y 2020 apenas diecinueve personas fueron condenadas por este delito, una cifra irrisoria comparada con la magnitud de estas organizaciones delictivas. Además, el crimen organizado en México es disperso y fragmentario, abundante pero de pequeñas dimensiones, lo que lo convierte en una red delictiva difícil de detectar y erradicar, en el caso de que existiera la voluntad para ello. 
Y por si esto fuera poco, el machismo y una cultura patriarcal imperante en México han hecho que las prostitutas asesinadas sean vistas por la prensa como “víctimas propiciatorias” al ser “putas, drogadictas e infieles”, tal como lo señalaron hace pocos meses los diarios “El Sol de Acapulco” y “Breves policíacas”. 
En el año 2021 la Embajada de Estados Unidos en México reportó en su Informe anual que el Gobierno mexicano “no cumple plenamente con las normas mínimas para erradicar la trata de personas en ese país”.
Una vez que una chica haya tomado la decisión de convertirse en escort o trabajadora sexual, debe ser muy cuidadosa y vincularse con empresas de comprobada legalidad que estén en capacidad de ofrecerles un desempeño seguro y respetuoso de todos sus derechos. Las ofertas en redes sociales o en persona, mientras más prometedoras sean, más engañosas serán. 
Cuando lo que está en juego es nuestra vida o nuestra libertad, no es buena idea creer en pajaritos pintados en el aire.