Prostitución: ¿Necesidad a la mala o placer del bueno?

27 septiembre 2022
Escorts, Prepagos, Putas, Dama de Compañia
No por nada lo llaman el oficio más antiguo del mundo: la prostitución. ¿Surgió, acaso, por placer o por necesidad? ¿O, quizás, por ambas? En el milenio tercero antes de nuestra Era los mesopotámicos y babilónicos le rendían culto a Ishtar, Diosa del amor y la fecundidad, a través de sus esclavas sagradas llamadas hieródulas. Luego de un complejo ritual, el devoto debía copular con una de las sacerdotisas y finalmente dejar a cambio un tributo al templo. Las hieródulas eran seleccionadas desde muy temprana edad entre las más hermosas, íntegras e inteligente de cientos de niñas aspirantes. Ya en el siglo V antes de nuestra Era las hieródulas habían pasado del Medio Oriente a la Grecia Clásica, en donde los griegos las llamaron Hetairas, quienes ya no eran esclavas del templo sino mujeres libres, artistas, intelectuales y con bastante poder económico en la mayoría de los casos. Sus servicios estaban dirigidos a la adoración de Afrodita, Diosa del Amor. Y a pesar de que eran mujeres poseedoras de una belleza proverbial, quizás ese no fuera su mayor atractivo: su nivel cultural y el arte de la conversación eran sus dotes más buscadas. Eran además bailarinas y ejecutantes de instrumentos musicales. Pertenecían al grupo de las pocas mujeres que recibían educación en Grecia. Sus vestidos eran distintos al de las demás griegas: usaban túnicas transparentes que dejaban ver la desnudez de sus cuerpos y sus depiladas pelvis, aunque por lo general solían andar desnudas. En el templo de Corinto había más de un millar de sacerdotisas que, a través de sus favores sexuales, lograban los recursos suficientes para mantener la fastuosa edificación. En Japón, a comienzo del siglo XVII, aparecen las Oiran con un comportamiento muy similar al de una prostituta tradicional. Sin embargo, poco a poco se fueron enclaustrando en los llamados barrios de placer (que no eran otra cosa que burdeles) donde sus modales y educación fueron evolucionando hasta convertirse en cortesanas de lujo. El aspecto físico y vestimenta de las Oiran es muy parecido al de las Geishas, motivo por el que el extranjero suele confundirlas. La Geisha es educada para el entretenimiento intelectual mientras que la Oiran ha sido formada tanto para el entretenimiento como para el placer. Como podemos apreciar, desde tiempos muy antiguos la prostitución ha florecido no sólo bajo la tolerancia de las culturas en las que les tocó desarrollarse, sino que lo hizo con la aceptación y el respeto de la sociedad. No fue hasta la instauración del cristianismo en nuestra cultura occidental que la prostitución fue vetada y criminalizada y la sexualidad fue desprovista de su placer para relegarla a una mera función reproductiva. Una falsa batalla entre el bien y el mal. A la cúpula se le llamó el Pecado Original. En la actualidad existen organizaciones y personas que adversan la prostitución porque ven en ella una forma de degradación de la mujer y una maquinaria de explotación inhumana. Y eso es cierto cuando el meretricio es regentado por mafias delictivas que obligan a las mujeres a desempeñarse como prostitutas en contra de su voluntad y en condiciones paupérrimas. Pero cuando una joven decide de manera voluntaria ofrecer sus atributos físicos como una fuente de placer a cambio de un beneficio económico, estamos en presencia de una ratificación de su libertad y ejercicio de su libre albedrío. Existen organizaciones que buscan amparar laboralmente a las trabajadoras sexuales y protegerlas de los ataques moralistas de la sociedad, como es el caso de la “Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe”, la cual acaba de arribar a sus primeros veinticinco años de existencia. La uruguaya María Lucía Esquivel ha sido la primera trabajadora sexual que ha levantado su voz ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en demanda de mejores condiciones de trabajo y respeto hacia las mujeres de su gremio. Uno de los temas más expuesto ha sido el de la violencia policial, uno de los grandes flagelos que agrede a esta comunidad de mujeres. La sexualidad como oficio les ha permitido a muchas jóvenes colombianas encontrar una vía que les proporcione seguridad económica para ella y su entorno familiar. Son parte de una larga tradición histórica en el que hombres y mujeres le han rendido culto al sexo y sus placeres de una manera abierta, sana y sincera. Más importante que los prejuicios morales que aún persisten en torno al ejercicio del sexo como actividad laboral, es la seguridad de las jóvenes que lo ejercen, para lo cual se han conformado empresas privadas especializadas en el área que le garantizan a las chicas de alterne condiciones de seguridad física y mental, así como respeto incondicional a sus Derechos Humanos y libertades individuales.